Implantes de memoria, ética y sociedad

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Pero estaba bien, todo estaba bien, la lucha había terminado. Había resultado victorioso sobre si mismo. Amaba al Gran Hermano.”

George Orwell, 1984

Ayer, en I Fucking Love Science (IFLS), leí anunciado con bombos y platillos, que estamos cerca de  lograr “implantes para restaurar la memoria”. En principio, se trataría de una tecnología muy poderosa que pudiera revertir los efectos de condiciones tipo “amnesia disociativa” producida por eventos traumáticos, o enfermedades  degenerativas y muy graves como el Alzheimer. El reportaje original aclara, en inglés, que “La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA por sus siglas en inglés) adelanta un plan de cuatro años para construir un “estimulador sofisticado para la memoria”, como parte de una iniciativa del presidente Barack Obama de aportar $100 millones para entender mejor el cerebro humano.”  El proyecto se inspira en la preocupación de las pérdidas de memoria que ocurren en los soldados durante su servicio activo cuando van a la guerra. “Si usted ha sido herido en servicio y no puede recordar su familia, queremos ser capaces de restaurar este tipo de funciones ”  explica el director del proyecto Justin Sánchez.

¿Cómo se acogen estas noticias?  Yo lo hago con mucha preocupación.  ¿Qué tenemos de decir los ciudadanos al respecto de investigaciones en esta dirección?  ¿Debemos permanecer pasivos frente a éstas “maravillas” sabiendo que la lucha por el poder a cualquier costo sigue dominando nuestras sociedades, nuestras vidas? ¿Realmente necesitamos ese conocimiento en este momento, aún con todas sus bondades, sabiendo que no estamos preparados como sociedad para enfrentar la posibilidad del dominio de nuestra mente?

Por supuesto que la discusión ética está sobre el tapete, Arthur Caplan, especialista en ética médica para DARPA,  advierte que los recuerdos son una parte importante de la identidad de una persona y esto podría tener grandes consecuencias imprevistas. “Se especula que la posibilidad de alterar los recuerdos podría afectar el entrenamiento para el combate, haciéndolos potencialmente más violentos con menos repercusiones” explica, entre otras cosas.  Sin embargo, una voz legal dentro de la misma agencia que proyecta un desarrollo tecnológico no es suficientemente confiable y robusta para la ciudadanía. He declarado mi amor apasionado por la ciencia desde que era una niña, pero no puedo dejar de reconocer que no estamos preparados, en más de un aspecto, para muchos de los avances que están ocurriendo en el siglo XXI, al menos no sin una discusión que nos incluya a todos como posibles “beneficiarios” y/o  “afectados”.  Hoy más que nunca necesitamos retomar la discusión sobre la democratización del conocimiento científico y la ética de los descubrimientos como un camino de dos vías,  la pasividad ciudadana no es una opción.

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CC BY-NC 4.0 This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International License.

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