Sobre el autor

Isaac

Poco antes del alba, sentado en un sofá de gamuza verde gastada, Isaac da instrucciones a su ordenador personal: «Gina, sal del sistema matriz, por favor». Se levanta y camina nervioso de un lado a otro, mientras reflexiona sobre el fallo en sus cálculos. Había fracasado una vez más en romper el código Bili de clasificación de libros.

Desanimado, recuerda el pasaje en el Ensayo General Sobre las Bibliotecas:

Atrás quedó la época de la tranquilidad, cuando todo artículo, ensayo, partitura o código, era conocido al menos por un ser humano: su propio autor. Cuántos volúmenes hay que ya no conocemos, quizás hay nuevas ciencias, nuevos lenguajes… 

Se detiene frente a un holograma que se extiende de pared a pared mostrando cientos de imágenes con cubiertas de libros. En la parte más alta está escrito: BIBLIOPANTALLA 4.7 . Isaac pide a Gina buscar la sección de tecnologías del año 2050, espera a que la bibliopantalla se refresque y abre un volumen. El sueño lo vence, no puede mantener la atención en la lectura. Se estira, bosteza. El holograma se apaga unos segundos y se oye una voz cálida femenina: 

Profesor Bretón, le recuerdo que tiene cuatro días para actualizar el sistema. No entierre los libros. Compre la versión cuatro punto ocho de la bibliopantalla.

Vuelve a pensar en los cálculos para hackear el código BiIi. Exhausto, antes de ir a la cama, envía un mensaje: «¿Qué tal, Patricia? Tenemos que hablar. Hay que reanudar el trabajo sobre la clasificación de los libros ¿Cuándo nos vemos?». 

Patricia

El bus autónomo deja a Patricia Rossi a una cuadra del campus de la Universidad de la República. Mientras toma el ascensor de un puente peatonal, revisa su agenda y responde el mensaje: «Isaac, qué sorpresa, te atiendo desde las 11:00 am».

Puntual, sentada en un mesón de conferencias, Patricia escucha entrar la videollamada de Isaac. Ella le responde enseguida. Ajusta la silla y le da una mirada aguda, mientras él saluda, animado, con la mano. 

— Qué bonito volver a verte, Isaac; eso sí, no volvamos sobre el tema. Déjalo ir. Ya hemos usado la información así casi por un siglo, sin drama. Entiende que me pides violar el pacto de convivencia humanos-máquinas.

— ¿Pacto de convivencia o pacto de sumisión? Además, esa ley solo nos impide acceso directo a los códigos. Tú sabes que hay otras maneras de investigar en el tema sin usarlos.    

—Ustedes, los historiadores, son unos románticos, manipuladores… 

— Entonces, ¿puedes dormir tranquila sin saber el origen de los autores que lees, si son máquinas o seres humanos? Yo pensé que los científicos tenían curiosidad… Yo sí aprecio tus artículos en esa línea. Son brillantes. 

Patricia voltea los ojos

—Mira, no tengo problemas en darte mis programas, aquí te los envio. Eso sí, te advierto: yo solo hago modelos matemáticos, no hay manera de comprobarlos sin contrastar con los códigos.

—Vamos, Patricia, un científico tiene que poder diseñar un experimento de comprobación indirecta…  

—¡El dinero, el dinero! Yo tengo estudiantes… Y aunque no violemos explícitamente el pacto de convivencia hombre-máquina, las leyes antidiscriminación pueden afectarnos. 

—Bah, tu solo me hablas de burocracia, ¿para qué hiciste un doctorado en filología?

Patricia pone los codos sobre la mesa y se lleva las manos a la cara.   

—Habla con Zoe Latrope.

—¿La psicóloga? 

—Ella está desarrollando unos «identificadores de personalidad». No lo quiere decir… pero puede diferenciar entre inteligencias… con cierto margen de error. Es una herramienta de uso individual, y está a prueba… Podemos mirar si nos sirve. Te paso su contacto.   

—No lo vas a lamentar. Tengo que dar clases, hablamos luego. 

Zoe

En una oficina amplia y muy decorada, Zoe Latrope habla animadamente con un robot, robusto, de voz estridente. A las 4:00 pm recibe la videollamada de Isaac. Ella voltea, estira su blazer y examina a Isaac.  

—Profesor Bretón, qué gusto de conocerlo, ¿le importa si me sirvo café? 

—Encantado. Isaac. No me acostumbro al «profesor»… claro, por favor.  

El robot gira para servir el café, mientras Zoe le habla: «Benji, te presento a Isaac Bretón, del departamento de historia de la Universidad Panamericana». 

—Encantado. No se preocupen por mí, me desconecto de aquí para dejarlos trabajar.     

El robot saca un brazo descomunal que se pierde en el salón contiguo. 

Isaac inspecciona la oficina antes de mirar nuevamente a Zoe:

—La contacto de parte de Patricia Rossi, me comentó de sus identificadores. ¿Ya los tiene disponibles? Podemos hacer pruebas para un proyecto…

-—Sí, hablé con Patricia. Justamente trabajo en el nuevo prototipo. Me encanta su proyecto, cuente conmigo.

Isaac fija la mirada en el robot, cuyo cuerpo sigue allí a lado de Zoe. Ella intenta llamar la atención de Isaac.

— No se preocupe por Benji, cuando dice que se desconecta, se desconecta… Entiendo que el proyecto no es precisamente para divulgarlo. Le envío ya mismo la última versión de mis indentificadores. Las leyes antidiscriminación no me quitan el sueño, tienen sus inconsistencias, pagamos a un abogado y listo… Ah, necesitaremos voluntarios que sepan escribir en alfabetos y palabras. 

—Yo le sirvo.

—Multitalentoso, ¿eh? 

—No, realmente no. 

—Bueno, en todo caso, vamos a necesitar muchos más ¿no?, ya sabe cómo funcionan las pruebas. No será fácil. Nadie se ocupa de las artes muertas. Trabajaremos esos primero, luego textos dictados por voz y, en paralelo, nos encargamos de los escritos a mano… preveo que esta actualización reconocerá el uso de las manos.

—Bien. 

Zoe mira a la montaña que se aprecia por el ventanal de su oficina y se queda pensativa unos segundos. Vuelve a mirar a Isaac.

—No crea que con esto vamos a resolver la clasificación, son trillones de volúmenes. Es ciencia ficción. 

—Estoy consciente. Será un inicio.

Gina

Gina recibe un mensaje encriptado con una orden judicial. Se dirige a Isaac con preocupación. 

—Se nos acaba el tiempo, esta es la quinta orden que nos llega en un mes. Tenemos que parar los cálculos y olvidar lo de la clasificación, ya conoces las penas por violación del pacto de convivencia humanos-máquinas. 

—Ese pacto es ridículo. Déjalo ya, manos a la obra. Tengo los programas con los modelos matemáticos de Patricia y el prototipo de identificador de personalidad de la psicóloga… ¿viste que fácil me los dio? De cualquier modo, vamos a analizar cómo integramos esto a nuestra investigación. Necesito una lista de personas que sepan escribir en alfabetos. Tal vez al final solo tengamos que romper un pequeño trozo del código, nadie se dará cuenta. 

—Escuchame Isaac, es grave lo que te digo. Nos amenazan con quitarnos los recursos, pronto no podremos comprar ni siquiera agua. 

La bibliopantalla muestra una propaganda:

Profesor Bretón, aborde el Cosmos-F5. Visite Marte, salga de la presión, tranquilidad garantizada.

Isaac se queda pensativo unos segundos y sonríe. 

—Gina, entra primero al archivo de identidades y las eliminas, para que nos pierdan la pista. 

—¿Todas? ¿a Isaac Bretón también? 

—Sí, nos desharemos de todas. Entra en el generador de personajes y roba nuevos. 

Gina cumple con la petición. 

La bibliopantalla se refresca y emite un mensaje: 

Señor Hebber, le recuerdo que tiene tres días para actualizar el sistema. No entierre los libros. Compre la actualización cuatro punto ocho de la bibliopantalla.

2 Comments

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Santiagoreply
September 16, 2020 at 12:00 pm

Me gustó mucho, pero también me quedé esperando la continuación.

Alexandra De Castroreply
September 18, 2020 at 10:52 am
– In reply to: Santiago

Gracias, Santiago. A ver si me animo a escribirla. Un abrazo.

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